viernes, junio 11, 2010

Imperativo


Rodéate de insectos              rechaza la luz

Abandona tu sombra              muerde tus dedos

Azota tu cabeza en aquel muro de humo
hasta desahogar tus venas


Arroja entonces un canto de veneno
una plegaria ominosa
un estertor de fuego

Ciérrale los párpados de hielo
a ese dios
que yace inmóvil

viernes, abril 23, 2010

de despellejado a medio nublado


enciendes la luz
de un madrazo
ya estás otra vez frente al tótem
en forma de ele
te aprietas los huevos
¡cuánta novedad!
te hueles los dedos
suspiras
y sientes y sabes
que el líquido te abandona
mientras regresa la calma
y se siente bien
como la entrada
del jugo amargo escurrido
de tus labios
con ese olor a puerto mal refrigerado
de tú:

tu zumo
humo
de todas las aguas mínimas que fluyen
sobre la piel del cielo que es tu piel
de tu piel su miel
pero tú lo sabes y yo
sólo me lo imagino
sacudo y tiño
con algunas gotas
lo blanco
de amarillo

sábado, marzo 20, 2010

manuela: entre muros tu piel


detrás de este muro reconstruyes la vaga imagen de su cuerpo
afuera la noche es materia abstracta

                                             luna enlutada y pendeja (Castillo)
                                             ignorada

entonces de súbito la llama inmóvil de su pecho 
por fin convoca a tu sangre

                                            eclosión celular

deja que la abras                exploración de un valle abandonado
se deja ocupar            
                                            oquedad que no opone resistencia

ah su culo: el cuartel efímero de un anhelo ilusorio
ah su ausencia: la muerte por inanición

la libertad de tus manos es tal que tus dedos se confunden con el tiempo

después de saberla le cierras los ojos

                                psique: alojamiento de torrentes residuales
                                seminalis
                                vaginalis

ahora las bocas secas y ateridas
ahora los huertos ácidos

te deleitas con su fruto incandescente
te das unos topes contra el manjar que su piel esconde
clítoris gigante que más tarde languidece y
en la soledad se asfixia

                                             vuelta al refugio

así de pronto la realidad asesta el golpe
así de fácil el instinto perece permitiendo
que este cuarto apestoso
tras un murmullo acuoso se vuelva a obnubilar